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La torera Juanita de la Cruz. Triunfadora por derecho en una “profesión de hombres” (1917-1981)

La torera Juanita de la Cruz. Triunfadora por derecho en una “profesión de hombres”  (1917-1981)

Rafael Guerrero Elecalde, Doctor en Historia en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), dedica su principal línea de investigación a las élites gobernantes de la España del Antiguo Régimen. Desde 1998 participa en grupos de investigación adscritos a la Universidad del País Vasco, así como en otros de carácter internacional. Asimismo, ha presentado los resultados de sus trabajos en diversos foros nacionales y extranjeros. Ha sido colaborador del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia y actualmente es miembro del Consejo de la revista argentina “Prohistoria”.

Dirige LAUR Documentos, una empresa dedicada a ofrecer servicios de investigación histórica a toda clase de público: familias, empresas, investigadores, etc., con productos orientados a sus necesidades (biografías, genealogías, búsqueda documental, historia familiar, de empresas, etc.). Su premisa: “La Historia al alcance de todos”.

En este mes retomamos nuestro blog sobre “Las mujeres en la Historia” repasando la biografía de una mujer que desarrolló su carrera profesional en un espacio en el que predominan poderosamente los hombres, como es el mundo del toreo. A lo largo de este post no pretendemos suscitar un debate entre anti y protaurinos, tan actual en estos días, sino realzar la figura de alguien que luchó por la igualdad; por equiparar los derechos entre mujeres y hombres. Se trata de Juanita de la Cruz, destacada torera a partir de los años 1930, que nunca abandonó y reivindicó su condición de mujer, también en una sociedad española marcada especialmente por el machismo.

En realidad, no fue la primera que se enfrentó al ganado bravo, pues ya desde el siglo XVII hay noticias de mujeres lidiando toros. Entre las más reconocidas se encuentra Nicolasa Escamilla (la Pajuelera), quien en 1816 fue inmortalizada por Francisco de Goya en uno de sus famosos grabados de “La Tauromaquia”.

Juanita de la Cruz nació en Madrid el 12 de febrero de 1917. Creció en un ambiente muy taurino, ya que desde niña tuvo la posibilidad de asistir a los festejos de la plaza de toros de la calle de Alcalá, donde tuvo la oportunidad de ver a las figuras del momento, lo que le ayudó a que aumentara su afición.

Prácticamente sin entrenamiento, y en calidad de aficionada, el día 24 de junio de 1932 Juanita estoqueó un becerro en la plaza de toros de León. Tras la lidia y dar muerte a la res, se convenció de que debía dedicarse a ello de forma profesional, por lo que comenzó a prepararse seriamente para ello. Tenía 15 años.

Durante la campaña siguiente fue presentada como profesional en la plaza de toros de Cabra, en Córdoba. Su actuación en dicha tarde fue tan digna que le valió para firmar un nuevo contrato para el siguiente 5 de abril. En ese día tuvo la fortuna de compartir cartel con Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, diestro que será popularmente conocido como Manolete.

Sin embargo, la vinculación de las mujeres con los toros había estado siempre muy mal vista y desde fines del siglo XIX y principios del XX parece que se recrudeció la oposición al toreo femenino profesional, principalmente a pie.

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Este sentimiento se había concretado en ley. El 2 de junio de 1908, Juan de la Cierva, el famoso inventor del autogiro y por entonces ministro del gobierno de Antonio Maura, promulgó una Real Orden que prohibió el toreo femenino. A pesar de ello, hubo toreras que se rebelaron ante la normativa. Éste fue el caso de La Reverte, tachada en ocasiones de “marimacho”, que decidió anunciarse en los carteles con un nombre de hombre. Finalmente tuvo que abandonar el toreo por la presión social. Y es que las mujeres continuaban siendo ridiculizadas y denigradas en sus faenas. Hasta había toreros que se negaban a lidiar con ellas, llegando incluso a no querer estar en aquellas plazas donde ya habían participado toreras.

La única manera de sortear la ley era la consecución de permisos especiales a través de los respectivos gobernadores provinciales. Juanita también se benefició de algunos de ellos, aunque no siempre consiguió dicho pase. Una de las veces, y según publicó el diario Luz en octubre de 1933: “Los derechos de la mujer. La señorita Juanita Cruz iba a actuar como torera dentro de unos días en la plaza de Pamplona, pero el gobernador, por orden del ministro de la Gobernación, no la permite torear. La señorita Cruz ha amenazado al ministro nada menos que con llevarle al Tribunal de Garantías Constitucionales por considerar la orden injusta. A pesar de todo, y cuando se empiezan a considerar caducados los derechos del hombre, se hallan todavía sin proclamar los derechos de la mujer”.

Sin embargo, nunca se conformó con esta situación y comenzó a defender con empeño su derecho a medirse de forma igualitaria con los otros toreros. De hecho, su apoderado, Rafael García Antón, durante la Segunda República gestionó estas reclamaciones, siempre esgrimiendo el artículo segundo de la Constitución, que reconocía la igualdad ante la Ley de todos los españoles y la abolición del artículo 124 del Reglamento Taurino. También se pronunció duramente en los diarios, advirtiendo a sus opositores que “no tolerará se roce en lo más mínimo la moralidad femenina de su poderdante, quien es, moral y materialmente, una señorita en toda la extensión de la palabra”.

Con todo, muchos de sus compañeros se unieron a sus reivindicaciones, aunque muchos otros se situaron completamente en contra. Al final, se levantó la prohibición hacia las mujeres en 1934.

Como vemos, la figura de Juanita de la Cruz no estuvo exenta de alguna polémica. Fronteras ideológicas y sexistas que la torera hubo de derribar muletazo a muletazo, defendiendo, como mujer, el derecho a ejercer su profesión. De hecho, para su estreno en Madrid, no quiso vestirse con la tradicional taleguilla, sino que lució conjunto expresamente diseñado para la ocasión, una especie de falda-pantalón bordada.

Por este motivo, desde sus comienzos, nuestra protagonista fue tema de actualidad en la prensa (protagonizó numerosas portadas de diarios taurinos) y hasta los medios políticos debatieron sobre su lucha en el mundo del toreo. Así, por ejemplo, un medio español presentaba a Juanita como la “Emperatriz del toreo feminista, al conjuro de cuyo arte maravilloso se han llenado las plazas de toros en los festejos en que actuó durante la finida temporada, siendo la salvación de muchas empresas que gracias a ella han defendido su negocio”, mientras que otros, describían sus faenas de este modo: “En su segundo (novillo) se limitó a una actuación muy apropiada a su condición de mujer. Es decir, intercalando los desplantes de valor con los saltos y «grititos» producidos por el miedo”. Tanta popularidad llevó a que traspasara fronteras y tanto ella como sus reivindicaciones fueron conocidas en Alemania, Italia, Francia o Japón. También en América, principalmente en los países más aficionados a los toros.

A raíz de sus éxitos en Cabra, Juanita de la Cruz cerró muchas novilladas durante aquella temporada campaña de 1933, que aumentaron para el año siguiente, hasta llegar a la cifra de cincuenta y tres paseíllos. Su debut con picadores se celebró el 5 de mayo de 1935, en la plaza de toros de Granada y, sólo un año después (2 de abril de 1936), realizó su presentación en la plaza Monumental de Las Ventas, compartiendo tarde con el Niño de la Estrella, Pascual Márquez y Miguel Cirujeda.
En general, esta corrida fue un hito en la historia de la tauromaquia; se trató de la primera vez que una mujer recibió la alternativa en una novillada con picadores en la plaza del mundo. Igualmente, se presentaba como la mejor torera que se había puesto delante de ganado bravo, especialmente por su técnica, maestría y tesón. Para Juanita, particularmente, supuso su consagración definitiva en la profesión, ya que, además de cortar una oreja a su primer novillo, obligó a la crítica taurina más conservadora a que la tomara en serio.

Según el cronista Juan Ferragut: “Por fin se presentó en la Plaza de Toros de Madrid la señorita torera Juanita de la Cruz. (…) Detallamos la efeméride porque fijó en cierto modo un hito en la gesta del feminismo español (…). Apresurémonos a decir que si lo ha ganado por sí misma, lo ha ganado hasta ahora para ella sola. Porque su actuación en la Plaza de Madrid, su triunfo personal, ha significado precisamente el fracaso de las «señoritas-toreras». (…)

Juanita de la Cruz ha demostrado que una mujer puede ser un buen «torero» en la plena acepción de la palabra, con igual capacidad, valor y arte que un hombre, lo mismo que hay mujeres que son un buen «médico», un buen «abogado» o un perfecto «diputado a Cortes», sin que el sexo signifique demérito profesional. (…) Pero el público en masa tuvo que rendirse a la evidencia. Y la evidencia es que Juanita de la Cruz puede, sabe y tiene valor para ser «torero» (…).

De hoy más, nadie podrá regatearle a Juanita de la Cruz su derecho a torear con la misma plenitud legal y de aptitudes que los hombres; (…) Y no teman los casticistas que el triunfo de Juanita de la Cruz desencadene una plaga de señoritas toreras. Juanita de la Cruz es hasta hoy, un caso único y excepcional. (…) De hoy en adelante el público no tolerará mojigangas. La mujer que quiera torear tendrá, como Juanita de la Cruz, que poseer ciencia, arte y valor de lidiador auténtico. Ser, profesionalmente, todo un hombre. Y eso es muy difícil, ¿verdad, amigos toreros?”

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En pleno ascenso y reconocimiento profesional, y con dieciocho años, la carrera de Juanita se topó con el estallido de la Guerra Civil. Este acontecimiento le truncó la temporada y le obligó a salir de España para completar el año en los cosos americanos. En realidad, su intención era la de regresar a finales de marzo de 1937, pero no fue posible por el propio desarrollo del conflicto bélico. Con este panorama, se vio obligada instalarse en Venezuela para poder continuar con su trayectoria profesional.

El día 17 de marzo de 1940, en el ruedo de Fresnillo (Zacatecas, México), recibió la alternativa como matadora de toros. Cosechó grandes éxitos en las plazas americanas, llegando a torear alrededor de 700 faenas. Sin embargo, nunca más pudo desarrollar su profesión en España porque, tras el fin de la guerra, las autoridades franquistas restablecieron la prohibición que impedía torear a las mujeres. Así, Juanita de la Cruz, que se había salido del país por cuatro meses, estuvo obligada a exiliarse casi por once años. De todos modos, en 1947 hizo un intento por regresar, aunque nunca le permitieron torear. Un político alegó: «Si es roja», cuenta.

Desanimada, volvió a América y, en septiembre de ese año, se cortó la coleta en la plaza de toros de La Paz, en Bolivia. Una vez retirada, se asentaría en 1949 definitivamente en Madrid, donde se dedicó exclusivamente a cuidar a su familia. Falleció el 18 de mayo de 1981, a las cinco en punto de la tarde. Fue enterrada en el cementerio de La Almudena y como epitafio de su tumba reza: “A pesar del daño que me hicieron en mi patria los responsables de la mediocridad del toreo de 1940-50… ¡BRINDO POR ESPAÑA!»

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Fuentes: Mundo Gráfico, 6 de junio de 1934, 20 de junio de 1934, 24 de julio de 1935, y 8 de abril de 1936; La Fiesta brava (Barcelona). 10 de febrero de 1933, 12 de mayo de 1933, 23 de febrero de 1934, 26 de diciembre de 1934 y 17 de abril de 1936; Luz (Madrid), 6 de marzo de 1933, 5 de octubre de 1933 y 2 de enero de 1934; El Heraldo de Madrid. 7 de marzo de 1933; La Libertad (Madrid). 9 de mayo de 1933; El Clarín (Valencia). 14 de octubre de 1933; Ideal (Granada), 7 de mayo de 1935. GARCÍA ANTÓN, Rafael, Juanita Cruz, su odisea: biografía fidedigna de una española excepcional, Artes Gráficas, 1982; FEINER, Muriel, La mujer en el mundo del toro, Madrid, Alianza, 1995;

http://www.saber.es/web/biblioteca/libros/personajes-leoneses/html/mujerespioneras.php; http://www.panoramio.com/photo/53646529; http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=cruz-de-la-casa-juana; http://rafazubi52.blogspot.com.es/2010/05/republica-guerra-civil-y-toros-capitulo.html; http://rafazubi52.blogspot.com.es/2009/12/la-madrilena-juanita-cruz-la.html

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